Peter Sloterdijk instrucciones de uso

Experimentos con uno mismo

Experimentos con uno mismo

Podría ponerme dadá a estas alturas y decir no al sentido de las cosas. Eso está bien para aderezar eventos públicos o en la tramitación de documentos en las oficinas del Estado. Pero cuando me asomo a la cabeza de Peter Sloterdijk veo el mundo como una estructura quizá aún posible (lo mismo me ocurre cuando me asomo a otras cabezas, no es nada personal). Por eso, a mí lo que me interesa es entender el sentido de las cosas que Peter Sloterdijk dice en sus libros. Hasta aquí bien. Uno lee a un pensador y quiere entenderlo. Pero debo señalar que aquí ya se me ve el plumero en algo. Con la literatura valen tanto el relativismo como la interpretación más libre y caprichosa. Este blog es el claro ejemplo de que puedo decir lo que me dé la gana sobre una obra literaria. Yo soy el lector, ergo yo también participo de la construcción de la obra. Nada nuevo, sólo un poco de rancia teoría literaria. Pero reconozco que me gustaría mucho decir lo que dice Peter Sloterdijk cuando leo a Peter Sloterdijk. Eso ya es otra cosa. ¿Pero por qué? Pues no lo sé, quizá se trate de una ingenuidad ante la filosofía. ¿Acaso me tomo más en serio lo que dice Peter Sloterdijk que lo que dice Thomas Bernhard o lo que dice Samuel Beckett? Pues no, eso sí que no. No me lo tomo más en serio, pero reconozco que lo asumo de un modo bien distinto. Quizá porque en la literatura no busco un corpus teórico a priori, busco lenguaje haciendo las cosas que el lenguaje puede hacer (sea lo que sea esto). En la filosofía me parezco más a un perro faldero. Me gusta perseguir meneando el rabo al filósofo que me chasquea los dedos. Por eso busco entender a Peter Sloterdijk de un modo distinto a como entiendo una obra literaria. (En estos momentos, mi amadísima Elisa Calatrava podría aparecer y decirme “¡todo es literatura!”, pero seguir por ahí sería un fregado para otro día).

Con respecto a estas ganas de entender a un filósofo sólo hay una cosa que se pueda añadir: “Nadie explica mejor a Aristóteles que el propio Aristóteles”, eso nos repetía el profesor Arregui a menudo, uno de los mejores consejos que me han podido dar en la universidad. Pero, curiosamente, en este caso yo voy a hacer un alegato a favor de los libros de instrucciones. Sin ellos todavía estaría intentando hacer que funcionara mi home cinema según los parámetros que yo deseo. Además, mi alegato va únicamente dirigido a favor de un libro, de un experimento, si así se quiere: me refiero a Experimentos con uno mismo (Una conversación con Carlos Oliveira), de Peter Sloterdijk, por supuesto. Se trata de una indagación a posteriori de los temas centrales del autor. A partir de la pretensión de hacer un “diagnóstico de nuestro tiempo”, Carlos Oliveira dirige el discurso de Sloterdijk por varios caminos y se detiene para que aclare distintos puntos decisivos del trayecto. Este libro, en cierto modo, sirve de instrucciones de uso de Peter Sloterdijk. Y eso sin la necesidad de que otro autor me haya aclarado los puntos decisivos en Sloterdijk, en absoluto, ha sido al contrario, él mismo lo ha hecho siguiendo el cauce que le proponía Oliveira. Por lo tanto, podemos seguir diciendo “Nadie explica mejor a Peter Sloterdijk que el propio Peter Sloterdijk”. Y eso es un consuelo. Ojalá le pudiera dar las gracias al profesor Arregui.

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