PeCasCor es un cineasta secreto

Poemas encadenados

Poemas encadenados

Acabo de leerle a Elisa El hidroavión de K. La obra de Pedro Casariego Córdoba es la mejor relación que se me ocurrió proponerle entre cine y poesía en la literatura española. A decir verdad, es la única relación verdadera que se me ocurre, la única, porque, a su lado, los de la Generación del 27 sólo sabían canturrear algo cuando veían una película. En este caso no me refiero a la influencia de la poesía en el cine, eso ya es un lugar común, sino que hablo de lo que el cine ha hecho por la literatura.

En la literatura mainstream de hoy en día, las novelas se construyen de modo que puedan ser adaptadas posteriormente al cine, por lo tanto, se escriben con un cierto “aliento” cinematográfico. Por desgracia, este planteamiento no afecta en nada a la narrativa, las novelas siguen siendo igualmente conservadoras, pero intentan desechar lo que plantee complicaciones ante la cámara, esto no deja de ser un procedimiento a la orden del día en una industria cultural low-fi (¡pobre Adorno, se estará revolviendo en su tumba!). Pero afortunadamente, el cine también ha sabido convencer a toda una generación de escritores con ánimos de operador de cámara. Es el caso de la Nouveau roman, por ejemplo, donde autores como Alain Robbe-Grillet o Claude Simon decidieron tomar una distancia distinta ante los objetos narrados. O también, posteriormente, las aportaciones de Georges Perec bajo el marco Oulipo.

En la narrativa, estas relaciones parecen fácilmente discernibles, y a priori podríamos suponer que la poesía es otra cosa, que el yo lírico no permite muchos planos secuencia o que incluso la poesía épica no da para reflejar la idea de montaje. Pedro Casariego Córdoba tuvo que leer mucho a Robbe-Grillet y compañía, por eso me atrevería a apostar cualquier cosa, y encontró la manera de trasladar algunos de sus planteamientos al ámbito de lo poético. Con sus Poemas encadenados, donde se encuentra el libro de El hidroavión de K. junto a otros como La canción de Van Horne, La risa de Dios, etc. Pecascor propone el poema/plano (en ningún momento dice él “poema/plano”, pero a mí se me ocurre que podría ser así). De esa manera, va montando una narración estrictamente cinematográfica agrupando planos descritos en poemas, con los que cambia de escenas, hace montajes secuencia, introduce flash-backs e incluso se apoya en una voz en off lírica. Finalmente, después de haber releído El hidroavión de K., se me ocurre pensar en Tarantino y no en las divertidas odas de Rafael Alberti a los cómicos del cine mudo.

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