Mi segundo round con Thomas Pynchon

La subasta del lote 49

La subasta del lote 49

Este señor está hecho para que yo acabe vomitando por la ventanilla y no haya toallitas perfumadas con las que mi madre pueda limpiarme la boca. Sin embargo, celebro mi vómito al igual que se celebran tantas cosas pasadas de rosca. Me topé con Pynchon y con su Arcoiris de gravedad y no pude resistir ese asalto. Algo grande ocurría en mis manos y yo era pequeño, y torpe y un poco miope. La culpa tuvo que ser mía, porque este señor despliega mecanismos de narración con los que yo me masturbaría hasta manchar todos mis juegos de sábanas. Pero quizá La subasta del lote 49 es el comienzo que yo le estaba pidiendo. Unas doscientas páginas que describen una paranoia parecida a una bola de nieve, una paranoia que se construye a través de los saltos que Edipa Maas da de una dimensión a otra, de un nivel de consciencia a otro, o, de un modo más sencillo, de una versión a otra de la verdad. La verdad, en esta novela, puede ser la obra de teatro que se desarrolla dentro, o alguna de sus varias derivaciones. La verdad, además, puede ser la realidad del sistema postal de Correos que todos conocemos, o la conspiración secreta del sistema postal que vislumbra Edipa. La verdad puede estar aquí delante o debajo de nosotros, podemos desenvolvernos en ella o quizá sólo aparezca en la literatura. ¿Quién sabe? ¿A quién le importa? A mí no, desde luego, me da igual ese tema, pero empieza a gustarme Thomas Pynchon.

 

 

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9 pensamientos en “Mi segundo round con Thomas Pynchon

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  3. Daniel, me voy a presentar porque llevo media mañana contigo y no me he cansado todavía y eso viene a significar que lo mismo me instalo definitivamente.
    Mi nombre es Carlos González, tengo un blog al que creo que accedes si pinchas en mi nombre pero tendría que comprobarlo y me da mucha pereza. Hace algún tiempo leí “La subasta…” y me enamoré. Tanto que me quedé mudo y me entró complejo de imbécil y no supe como abrirle una entrada a Pynchon sin caer en el mayor de los ridículos y por eso, en lugar de un post, le abrí un blog. A ese blog invité a algunos conocidos de blogs y foros que sabía fans fatales del autor, primerizos como yo unos y otros no tanto. El caso es que la cosa no fue como yo esperaba y es que lo que yo esperaba era no leer otra cosa que Pynchon el resto de mi vida y tener siempre algo que decir, cosa que no ocurrió, claro. Es más, desde entonces no he vuelto a leer otra cosa, ahora bien, proyectos todos y alguno mas. Lo de siempre, vaya, elevado a la enésima potencia.
    Pues resulta que hoy doy contigo por algo que te dije esta mañana y ya se me ha olvidado (ah, si; lo de Célinegrado) y toqueteandote las entretelas me encuentro con un par de entradas de Pynchon que me han gustado mucho y he pensado: “Caramba, ¿y si se las robo?”. Pero he pensado también (todo el día pensando, qué horror!) que no debería delinquir si no voy a enriquecerme con ello. Sería del género idiota. Total, que la pregunta es: ¿me dejas, por favor, que enlace estas entradas con el blog “La Válvula de Espato” (http://lavalvuladeespato.blogspot.com/).

    Nuevamente felicidades con el blog.

  4. Jejejejeje, es todo un placer conocerle, caballero. Por supuesto, puede utilizar las entradas de este blog. No me considero un gran lector de Pychon. Me gusta muchísimo, pero cuando lo leo no sé si siempre me siento a la altura, si tengo el talento suficiente para leerlo. Para mí, leer a Pynchon es un ejercicio anaeróbico. Tengo, por aquí cerca, V. Será la siguiente que lea cuando me atreva. Por cierto, la idea de un blog dedicado a Pynchon es muy buena.

  5. Genial, muchas gracias. A mi me ocurre lo mismo. Al principio pensé que era un problema de “mal lector” -me pueden las prisas- pero no debe ser así del todo. “V” (pensé que lo había dicho) lo tengo a medias pero lo mas probable es que vuelva a empezarlo en breve (siempre digo “en breve” y miento el 99% de las veces pero si no lo digo temo no leerlo jamás). El caso es que soy gilipollas porque yo lo que quiero leer de verdad desde que tengo uso pynchoniano de razón es “Mason & Dixon”, personajes que ya me enamoraron cuando leí aquel repaso al universo que le hizo Bill Bryson y salían ellos y me hicieron reír con su anécdota de observar los astros, pero no lo hago porque tengo el extraño temor de no saber entenderlo si no es a través de la novelas anteriores del escritor (el problema que supone “El arco iris…” es irresoluble y ya ni me lo planteo: será lo que sea cuando tenga y como tenga que ser).

    Gracias, la idea de un blog dedicado a mi también me parece buena. La pena es el desastre en que se ha convertido por falta de tiempo y medios y presupuesto (si tuviese dinero pagaría a los colaboradores y podría explotarlos convenientemente).

    Nuevamente gracias.

  6. Pynchon es un motivo de superación personal, jajajaja. ¡Viva Pynchon! Pynchon nos hace mejores personas, aunque no lo leamos todo lo que se merece. Yo, últimamente, soy más de Foster Wallace, y tengo ganas de irme al otro extremo, al de Franzen, a ver qué me encuentro en Las correcciones, el blog de El lamento de Portnoy me puso los dientes largos hablando de este libro.

  7. Uff, Las Correcciones. Yo lo leí hace muchos años y desde aquel momento se convirtió en uno de mis libros favoritos. Es absolutamente genial. Como también lo es “Como estar solo” y algo menos “Zona Templada”. Muero por que llegue otoño y me traiga “Freedom”. Pero muero de verdad de la buena. La lectura de Franzen es hipnótica y no estoy exagerando.

    Y Wallace. Wallace es mucho Wallace pero con Franzen tiene poco que ver a parte de ser un genio. Leí “La broma infinita” y me volví loco a la vez que me enamoraba perdidamente. Incluso mi mujer amenazó con echarme de casa si no dejaba de sonreirle a la solapa. Luego vinieron “Algo supuestamente…” y ya me dejó para el arrastre de bueno. También “Hablemos de Langostas” pero por debajo de los antes citados. Los dos que comentas en tu blog (Extinción y La niña…) los tengo por leer. Uno (La niña..) porque lo perdí y lo recompré el año pasado y el otro (Extinción) porque tengo la edición de bolsillo y tiene una letra horriblemente pequeña que acaba con mi paciencia.

    Yo ahora estoy descubriendo a Cortázar. Ya tengo podio: Wallace, Franzen, Cortázar, Bernhard.

  8. Uy, más ganas aún de leer a Franzen me da usted, señor. Las correcciones se posiciona, entonces, como claro candidato junto a La broma infinita como primera lectura de mi verano. A ver si me compro una edición de Mondadori que no tenga la letra tan pequeñita, yo también sufrí mucho con ese cuerpo de texto.

    En Cortázar hay mucho que descubrir, Cortázar es de los que llegan y nunca se van.

  9. Uy, más ganas aún de leer a Franzen me da usted, señor. Las correcciones se posiciona, entonces, como claro candidato junto a La broma infinita como primera lectura de mi verano. A ver si me compro una edición de Mondadori que no tenga la letra tan pequeñita, yo también sufrí mucho con ese cuerpo de texto.

    En Cortázar hay mucho que descubrir, Cortázar es de los que llegan y nunca se van.

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