Gonçalo Tavares construye un escaparate

Aprender a rezar en la era de la técnica, de Gonçalo M. Tavares

Aprender a rezar en la era de la técnica, de Gonçalo M. Tavares

Escribo mientras mis alumnos hacen un examen de recuperación. Tengo que levantar la cabeza de cuando en cuando para cerciorarme de que sus posturas no revelan ningún intento de copiarse del compañero. Por suerte, son pocos y no es difícil controlar la situación. Los miro a ellos, pero hace poco miraba las últimas páginas de Aprender a rezar en la era de la técnica, de Gonçalo M. Tavares.

En esta novela, Gonçalo Tavares plantea la vida y obra de un personaje cruel y despiadado en una suerte de hagiografía del mal, un cirujano todopoderoso en su profesión que se transforma en político movido por una concepción del mundo quizá fascista y civilizada a un mismo tiempo. Supuse que me enfrentaba a un personaje carismático, pero al acercarme a él no pude llegar a tocarlo. No sentí en mi fuero interno, por desgracia, su visión perturbada, no me provocó ninguna clase de temor, porque la novela está construida de modo que aquello que se cuenta parece desarrollarse dentro de una pecera. Se mira, pero no se toca. El protagonista parece desfilar a lo largo de los cortos y numerosos episodios como una top model encima de una pasarela. Solo podemos desear palpar lo que vemos –lo que leemos–, pero existe una distancia habilitada para que eso no sea posible.  Este es, por ejemplo, el sentimiento contrario al que tengo cuando me enfrento a los personajes de Thomas Bernhard. A ellos sí los vivo, acaban contaminándome e incluso me obligan a sentirme identificado con ellos mismos.

Durante la lectura, he tenido la sensación de que esta novela ha sido fácil de escribir. No quiero insinua -a tanto no llega mi arrogancia- que yo hubiera sido capaz de escribirla. Quiero decir que al autor le ha resultado una escritura sencilla. No creo que esta sea una de esas narraciones que “parecen” simples, pero que, en realidad, requieren una ardua labor de engranaje. Hacer que lo difícil parezca fácil es una virtud extraña, cuando pienso en esto siempre me acuerdo de Roberto Bolaño o, incluso, de Raymond Carver ayudado por Gordon Lish, su editor. Tavares es un escritor lleno de virtudes, pero yo me apostaría algo a que no sudó demasiado armando esta historia. No obstante, no creo que esto tenga que mermar la calidad de la novela, es una sensación y ya está.

De hecho, lo mejor que he sacado de Aprender a rezar en la era de la técnica ha sido unas ganas tremendas de leer otras obras de este señor, otras obras en donde encuentre eso que tanto me ha gustado siempre en Tavares y que no me queda claro si he encontrando en esta ocasión. Echo de menos la sensación de Un hombre: Klaus Klump o la de La máquina de Joseph Walser, o la de Biblioteca.

Acabo aquí, porque el examen está terminando. Mis alumnos comienzan a marcharse. Algunos me confiesan que mañana no vendrán a clase, que nos vemos a la vuelta de vacaciones. Estoy empezando a salivar de felicidad ante la idea del tiempo libre.